La historia está alrededor
Me impresiona la facilidad con la que Edil habla de las murallas, los ataques a San Juan y las potencias que se disputaron el Caribe. Conocer de dónde viene uno ayuda a pensar hacia dónde quiere ir. Y ese recorrido exige empezar antes de los españoles: cuando Colón llegó a Puerto Rico en 1493, la isla ya estaba habitada por poblaciones taínas que la nombraban Borikén.1 La palabra «descubrimiento», que cuestionamos durante la conversación, describe la perspectiva de quienes llegaron desde Europa.
Después vino la infraestructura destinada a proteger el puerto: La Fortaleza en 1537, El Morro desde 1539.2 Los ataques que Edil recuerda —Francis Drake en 1595, George Clifford en 1598, Boudewijn Hendricksz en 1625— explican para qué servían esas defensas.2 La ciudad que hoy recorremos, Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1983,3 conserva las huellas de aquella competencia imperial.
Hay una tensión que acompaña nuestras referencias a la herencia hispánica. Compartir idioma, reconocer una comida o admirar un edificio puede acercarnos; comprender su historia también exige reconocer la conquista y las relaciones de poder que los hicieron posibles. La memoria de Puerto Rico incluye esas herencias y las experiencias indígenas y africanas que las atraviesan.