Una tabla de mortalidad para changarros

Los demógrafos tienen un instrumento llamado tabla de vida. Se toma una generación, se observa cuántos mueren en cada edad y se calcula cuántos años le quedan en promedio a quien llegó vivo hasta ahí.

El INEGI aplica ese mismo instrumento a los negocios.

Su Estudio sobre la Demografía de los Negocios habla literalmente de nacimientos, muertes, sobrevivientes y esperanza de vida. Y los tabulados de la edición 1989-2019 dan una cifra nacional exacta: un establecimiento que nace en México tiene por delante, en promedio, 8.4 años de vida.1

Fotografía en blanco y negro de un mercado mexicano: puestos con frutas y verduras en el suelo bajo toldos, con vendedores y compradores alrededor

Vendedores de frutas y verduras en un mercado en México, hacia 1900. Foto: Scott, Library of Congress (ppmsca.12319), vía Wikimedia Commons (dominio público).

La cifra cambia mucho por estado. Tamaulipas aparece al fondo con 7.2 años; Oaxaca encabeza la lista con 11.4. Entre un extremo y otro caben más de cuatro años de diferencia.

Y hay un segundo dato, más esperanzador que el primero: al cumplir cinco años de vida, la esperanza nacional sube a 10.2 años adicionales.1 Sobrevivir el arranque no solo evita la muerte temprana; cambia todo el pronóstico.

En Tamaulipas, el estado con la esperanza más baja al nacer, un negocio que cumple cinco años pasa a tener casi nueve por delante.

Cuatro años, 1.4 millones de cierres

El estudio más reciente pone números absolutos a esa aritmética.

El EDN 2023 siguió a los 4,857,007 establecimientos micro, pequeños y medianos que los Censos Económicos 2019 habían encontrado vivos, y volvió a tocar puerta por puerta cuatro años después, entre mayo de 2019 y mayo de 2023.

El resultado: 1,439,011 establecimientos murieron —29.6 % de los que existían— y 1,678,326 nacieron. La población final quedó en 5,096,322: un aumento neto de 4.9 %.2

Hay que leer ese periodo con cuidado, porque contiene la pandemia entera. En el corte a 17 meses, las muertes (20.8 %) superaban con mucho a los nacimientos (12.8 %). El saldo positivo a cuatro años se explica, dice el propio INEGI, sobre todo por reaperturas posteriores.2

El dato que queda es la rotación: en cuatro años se abrieron y se cerraron, cada una, más de un millón cuatrocientas mil cortinas.

Morir no es solo cosa de la informalidad

Una explicación cómoda dice que los negocios que cierran son los informales, los que no facturan, los que no están en ningún registro.

Los números no la sostienen del todo.

De los establecimientos que los censos reportaron activos en 2019, murió el 28.65 % de los formales y el 30.50 % de los informales. Menos de dos puntos porcentuales de diferencia.2

Estar en regla ayuda. No es un seguro de vida.

El marcador que casi nadie lleva

En el episodio hay una sección que se llama «Creo que vamos bien» necesita un marcador. Julián cuenta el caso de un restaurantero al que pidió sus estados financieros y descubrió que no existían.

La Encuesta Nacional sobre Productividad y Competitividad de las MIPYMES, que el INEGI levantó en 2018 sobre 4.1 millones de empresas, convierte esa anécdota en estadística.

El 66.5 % de las microempresas no monitorea ningún indicador.4 Entre las pequeñas y medianas, 28.2 % sigue de tres a cinco indicadores clave y apenas 8.8 % sigue diez o más.

Hay otro dato en la misma encuesta que duele más. Ante un problema en el proceso productivo, solo 25 % de las MIPYMES lo resolvió y además tomó medidas para que no se repitiera. Cuatro de cada diez microempresas simplemente no lo resuelven.4

Fotografía en blanco y negro de una tienda de abarrotes mexicana con estantes de madera llenos de mercancía y varios empleados detrás del mostrador

Tienda de abarrotes en Morelia, Michoacán, hacia 1908. Estereografía de Keystone View Company, Library of Congress, vía Wikimedia Commons (dominio público).

No es que a nadie le importe. Es que nadie está mirando el tablero mientras juega.

El crédito que nadie quiere

La escena más contraintuitiva de la encuesta es la del financiamiento.

Si en 2018 se les hubiera ofrecido un crédito bancario, siete de cada diez MIPYMES no lo habrían aceptado. De esas, 57.9 % lo consideró caro y dos de cada diez dijeron sencillamente que no lo necesitaban.

Solo 8 % de las empresas tuvo acceso a financiamiento en 2017: 23.2 % de las pequeñas y medianas frente a 7.6 % de las micro. La tasa anual promedio que pagaron quienes sí lo obtuvieron fue de 11.86 %.

A 6.9 % —unas 287,780 empresas— les rechazaron una solicitud en los dos años previos: por falta de garantía, por mal historial o por no poder comprobar ingresos.

Y solo 14.8 % dijo conocer los programas de apoyo del Gobierno Federal.4

El problema no es únicamente que el crédito sea escaso. Es que, cuando existe, buena parte del universo empresarial no lo quiere, no lo comprende o no cree que sea para él.

Una desconfianza con historia

Esa distancia tiene siglos.

El 25 de febrero de 1775, Pedro Romero de Terreros fundó en la Ciudad de México el Sacro y Real Monte de Piedad de Ánimas, con trescientos mil pesos de su propio capital y el beneplácito de Carlos III.7 Su propósito era prestar a quien no tenía a quién pedirle.

Fachada de piedra clara de un edificio colonial de dos pisos con arcos y balcones, ocupando una esquina frente a una plaza

El Nacional Monte de Piedad, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, sobre el antiguo Colegio de San Pedro y San Pablo. Foto: José Luiz, 2024, vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Doscientos cincuenta años después, la mitad de la economía sigue trabajando fuera del circuito formal: en el primer trimestre de 2026, la tasa de informalidad laboral fue de 54.8 % de la población ocupada, según la ENOE.6

Un negocio informal no aparece en el buró de crédito, no genera estados financieros auditables y no puede ofrecer garantías. Su acceso al capital queda donde estaba en 1775: en el empeño, el préstamo familiar y la caja de ahorro del barrio.

Capacitar: 15.3 %

Falta una última cifra, y es la que más conversa con el episodio.

En 2017, solo 15.3 % de las MIPYMES impartió capacitación a sus trabajadores.4 Entre las pequeñas y medianas la proporción sube a 55.1 %; entre las micro se desploma.

Lo revelador es la razón. Siete de cada diez empresas que no capacitaron dijeron que no lo hicieron porque el conocimiento y las habilidades de su personal ya eran los adecuados.

No fue el costo —solo 4.7 % lo mencionó—. Fue la convicción de que no hacía falta.

Julián dice en el episodio que se equivocó muchas veces, que a veces conocía un concepto pero no sabía aplicarlo. Esa distancia entre saber y saber hacer es justo la que el 70 % de esas empresas da por cerrada.

Interior de una tienda de abarrotes contemporánea con estantes repletos de productos, veladoras de colores y artículos de limpieza

Tienda de abarrotes en el Mercado Michoacán, colonia Condesa, Ciudad de México. Foto: Xanyssel, 2016, vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Qué mide realmente el marcador

Los datos anteriores describen un país que abre negocios con una energía enorme y los sostiene con muy poca información.

También describen algo menos obvio: que la diferencia entre morir a los dos años y llegar a los quince no parece estar en la genialidad de la idea, sino en cosas aburridas. Saber cuánto entra. Saber cuánto sale. Revisar un indicador. Aprender algo nuevo después de los cuarenta.

Pero conviene no convertir la supervivencia en la única medida.

Una tabla de vida dice cuántos años dura un negocio. No dice para qué sirvieron. En el episodio, la medida de éxito que Julián conserva con más cariño no es un margen: es un cliente que dejó de recorrer seis lugares de madrugada y pudo desayunar con su familia.

El INEGI puede calcular la esperanza de vida de un establecimiento.

Lo que ese establecimiento deba hacer con los años que le queden sigue siendo una decisión de quien lo abrió.

Fuentes comprobadas

  1. Esperanza de vida de los negocios, tabulados — INEGI, Demografía de los Negocios 1989-2019 (8.37 años al nacer a nivel nacional; 10.24 años adicionales al cumplir cinco; Tamaulipas 7.16 y 8.94; Oaxaca 11.35).
  2. Estudio sobre la Demografía de los Negocios (EDN) 2023 — presentación de resultados, INEGI, 31 de enero de 2024 (población inicial de 4,857,007 establecimientos; 1,439,011 muertes y 1,678,326 nacimientos a 49 meses; formales 28.65 % e informales 30.50 %).
  3. Estudio sobre la Demografía de los Negocios — página del programa, INEGI (metodología y ediciones anteriores).
  4. INEGI presenta resultados de la ENAPROCE 2018 — comunicado 448/19 y nota técnica (4.1 millones de MIPYMES; 66.5 % de micro sin indicadores; 15.3 % capacitó; 7 de cada 10 no aceptarían un crédito; 8 % con acceso a financiamiento; tasa de 11.86 %; 14.8 % conoce los programas federales).
  5. Encuesta Nacional sobre Productividad y Competitividad de las MIPYMES (ENAPROCE) 2018 — INEGI (diseño y cobertura de la encuesta).
  6. Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, primer trimestre de 2026 — boletín 301/26, INEGI (tasa de informalidad laboral de 54.8 %).
  7. Nacional Monte de Piedad — Wikipedia y Pedro Romero de Terreros — Wikipedia (fundación del 25 de febrero de 1775 y capital inicial).
  8. Vendedores en un mercado en México, hacia 1900 — Library of Congress vía Wikimedia Commons (dominio público; imagen de portada).
  9. Tienda de abarrotes en Morelia, hacia 1908 — Keystone View Company, Library of Congress, vía Wikimedia Commons (dominio público).
  10. Nacional Monte de Piedad, 2024 — José Luiz vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).
  11. Tienda de abarrotes en el Mercado Michoacán — Xanyssel vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Si esta pieza te sirvió, la próxima nota llega por correo.

Tu correo queda registrado en la lista editorial de Puerto Fractal. Sin ruido ni spam.